domingo, 14 de abril de 2013

Antes me abrazabas con timidez, apenas podías tocarme sin que tus labios te delataran, temblorosos.
Antes la confianza era tu mejor amiga, no había muchas más vueltas, no tenía que haberlas. Y a su vez, eras un libro cerrado, pero no pretendías serlo.
Antes yo era perfecta, y los árboles un refugio, un amigo silencioso y confidente, que jamás me delataría.
Antes me mirabas como se mira a un niño torpe, y a la vez, como buscando alguna enseñanza, alguna aprobación.
Antes, los días era nuestros, y las noches, para extrañar.

Ahora me abrazás como un consuelo, apenas podés tocarme para que no me quiebre en mil pedazos, y tus labios ya no tiemblan, bien saben su destino.
Ahora ya no soy tu confidente. Ya sabemos que por más que recites las mil y una noches, sos un libro cerrado, y no pretendés cambiarlo.
Ahora yo ni siquiera soy una amiga, soy una más del montón, y los árboles son un susurro, un dejo de tristeza, no tienen calma y me recuerdan todos los días delatándome ante mí misma lo que yo ya sé.
Ahora ya ni siquiera me mirás, no hay nada que busques en estos ojos.
Ahora los días son de los otros, y las noches, para extrañar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario