Cuando le dije que la pasión, por definición, no puede durar ¿Cómo iba yo a saber que ella se iba echar a llorar? "No seas absurdo -me regañó- esa explicación nadie te la pidió, así que guardatela, me pone enferma tanta sinceridad".
Y así fue como aprendí que en historias de dos conviene a veces mentir, que ciertos engaños son narcóticos contra el mal de amor.
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